
Todas las iniciativas en digitalización tienen en común la preservación del patrimonio bibliográfico, que constituye la naturaleza del servicio público. Bibliotecas y empresas parten de distintas concepciones del libro, pero todos piensan en el mercado. La puerta universal de acceso a los contenidos en Internet son los buscadores, y sin su mediación el patrimonio bibliográfico seguiría escondido en Internet.
El proyecto de Google empezó cuando puso a disposición de los usuarios los primeros 10.000 libros indexados, todos ellos pertenecientes al dominio público. Dejó claro que su intención era digitalizar incluso las obras sujetas al régimen de copyright negociando con los editores las condiciones de explotación. El usuario puede ver la referencia bibliográfica, la portada, el índice, un máximo de tres páginas y las referencias de copyright. Cada libro sería digitalizado íntegramente, aunque no significa que pueda leerse o descargarse en su totalidad. En Estados Unidos, tanto los grandes grupos editoriales como la organización que representa a los autores rechazan la idea, mientras no se clarifiquen las condiciones económicas.
Google consideró oportuno volcarse sobre Europa. Continuó las negociaciones con editores de otros países, en España con los grupos Anaya y Planeta. Posteriormente Amazon puso a punto su nuevo servicio Amazon Pages, que desde comienzos de 2006 inició experimentos con distintos modelos de negocio.
En un primer momento se propuso la remuneración a los editores con un porcentaje sobre los ingresos publicitarios que generasen los anuncios en las páginas relacionadas con sus libros, aunque no parecía prosperar. Posteriormente se propuso que libros fuera de catálogo que no merecieran ser reeditados, se pudieran digitalizar. Tanto Google como Amazon, adquirieron empresas especializadas en la impresión bajo demanda. Cuando un título no estuviese disponible, el usuario podría optar entre descargar una copia a su ordenador o encargar la impresión de un ejemplar; y en ambos casos, tendría que pagar aunque un precio muy bajo. Por uno u otro camino, Internet podría convertirse en un instrumento de revitalización del mercado del libro. Resulta paradójico, ¿no?
Hoy en día Google sigue firmando acuerdos con el fin de seguir digitalizando los fondos de distintas instituciones y universidades, como recientemente ha hecho con la Universidad Nacional Autónoma de México.
El proyecto de Google empezó cuando puso a disposición de los usuarios los primeros 10.000 libros indexados, todos ellos pertenecientes al dominio público. Dejó claro que su intención era digitalizar incluso las obras sujetas al régimen de copyright negociando con los editores las condiciones de explotación. El usuario puede ver la referencia bibliográfica, la portada, el índice, un máximo de tres páginas y las referencias de copyright. Cada libro sería digitalizado íntegramente, aunque no significa que pueda leerse o descargarse en su totalidad. En Estados Unidos, tanto los grandes grupos editoriales como la organización que representa a los autores rechazan la idea, mientras no se clarifiquen las condiciones económicas.
Google consideró oportuno volcarse sobre Europa. Continuó las negociaciones con editores de otros países, en España con los grupos Anaya y Planeta. Posteriormente Amazon puso a punto su nuevo servicio Amazon Pages, que desde comienzos de 2006 inició experimentos con distintos modelos de negocio.
En un primer momento se propuso la remuneración a los editores con un porcentaje sobre los ingresos publicitarios que generasen los anuncios en las páginas relacionadas con sus libros, aunque no parecía prosperar. Posteriormente se propuso que libros fuera de catálogo que no merecieran ser reeditados, se pudieran digitalizar. Tanto Google como Amazon, adquirieron empresas especializadas en la impresión bajo demanda. Cuando un título no estuviese disponible, el usuario podría optar entre descargar una copia a su ordenador o encargar la impresión de un ejemplar; y en ambos casos, tendría que pagar aunque un precio muy bajo. Por uno u otro camino, Internet podría convertirse en un instrumento de revitalización del mercado del libro. Resulta paradójico, ¿no?
Hoy en día Google sigue firmando acuerdos con el fin de seguir digitalizando los fondos de distintas instituciones y universidades, como recientemente ha hecho con la Universidad Nacional Autónoma de México.
Silvia Fdez. de Mera
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